Miro a mi diestrano encuentro a nadie.
Hacia atrás
los defensores,
éter
fantasmas,
carne de gusano
que me hereda
cargas y culpas
que no recuerdo haber ganado..
Amnesia
tal vez
las memorias olvidadas
de otras vidas.
A la izquierda
una veintena de puertas cerradas
Al frente unas lanzas,
justas o injustas,
-¿quién diablos sabe lo que es justo?-
a punto de clavarse.
Más allá
la claustrofobia de unas rejas.
Miro hacia arriba...
¿Dónde está Dios?
Alzo mi voz
y se estrella
contra el negro espacio
de esta hoja negra
como la fe en el Hombre,
como el odio,
como el asco hacia el origen
el rechazo del ombligo,
la traición a la sangre,
como todo lo que ha sido
al fin y al cabo
esta vida...
mil veces

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